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Codependencia, ¿cómo ayudar a una persona con adicción sin destruirnos en el intento?

  • Foto del escritor: prensatiroalblanco
    prensatiroalblanco
  • hace 1 día
  • 4 min de lectura


Por Mariana Villarino

 

Hoy vamos a hablar de algo que suele quedar en segundo plano cuando aparece una adicción: el sufrimiento de quienes acompañan.

 

Cuando alguien consume, toda la atención suele ponerse sobre esa persona. Sin embargo, detrás hay madres, padres, parejas, hijos, hermanos y amigos que también empiezan a sufrir las consecuencias.

 

Muchas veces llegan agotados, frustrados y con una sensación de impotencia enorme. Han probado de todo: hablar, enojarse, controlar, amenazar, rescatar, acompañar... y aun así sienten que nada alcanza.

 

Por eso hoy la propuesta es reflexionar sobre una pregunta fundamental:

¿Cómo acompañar a alguien que tiene un problema de consumo sin perder nuestra propia vida en el intento?

 

Cuando el consumo entra en una familia la adicción no afecta solamente a quien consume. Poco a poco va ocupando espacios, conversaciones, pensamientos y emociones de todos los que están alrededor.


La familia comienza a vivir pendiente de:

Si consumió o no consumió.

Si llegó.

Si mintió.

Si está bien.

Si va a trabajar.

Si va a recaer.


Y sin darse cuenta, la vida empieza a girar alrededor del problema.

Lo que antes era una preocupación se transforma en el centro de la existencia.

 

Y es ahi donde aparece la CODEPENDENCIA. Esta es una forma de vincularnos en la que terminamos tan absorbidos por los problemas del otro que dejamos de ocuparnos de nosotros mismos.

 

No aparece porque seamos débiles. No aparece porque hagamos algo mal. Generalmente aparece porque amamos. Porque queremos ayudar. Porque tenemos miedo. Porque no soportamos ver sufrir a alguien que queremos. Pero con el tiempo ese amor puede transformarse en una necesidad constante de controlar, rescatar o solucionar la vida del otro.

 


El gran engaño es: creer que podemos salvar a alguien

 

Uno de los pensamientos más frecuentes en las familias es:

 

"Si encuentro la manera correcta, va a dejar de consumir."

 

Entonces comienzan las negociaciones. Las promesas. Los controles. Las discusiones. Las amenazas. Los rescates. Y cada recaída se vive como un fracaso personal.

 

Pero hay una verdad difícil de aceptar:

Nadie puede recuperarse por otra persona.

 

Podemos acompañar. Podemos orientar. Podemos ofrecer ayuda.

Pero no podemos hacer por el otro el trabajo que le corresponde hacer.

 

Ayudar no es lo mismo que rescatar. Esta diferencia suele cambiar completamente la manera de acompañar.

 

Ayudar es:

 

Escuchar.

Estar disponibles.

Orientar.

Acompañar tratamientos.

 

Rescatar es:

 

Resolverle todos los problemas.

Pagar permanentemente las consecuencias.

Mentir para cubrir situaciones.

Hacerse cargo de responsabilidades ajenas.

 

Muchas veces creemos que estamos ayudando cuando en realidad estamos sosteniendo la enfermedad.

 

Y esto no surge de la indiferencia. Surge del miedo y del amor. La codependencia tiene costos muy altos.

 

Aparecen el desgaste emocional en la familia que se traduce en:

 

Ansiedad.

Insomnio.

Cansancio.

Culpa.

Tristeza.

Irritabilidad.

Problemas de pareja.

Aislamiento social.

Muchas personas dejan de hacer actividades que disfrutaban.

Dejan amistades.

Postergan proyectos.

Incluso abandonan su propia salud.

Todo queda para después.

Porque el problema urgente siempre parece ser el del otro.

 

El sentimiento de culpa, es una de las emociones más frecuentes.

 

"¿Qué hice mal?"

"¿Dónde me equivoqué?"

"¿Podría haber evitado esto?"

 

La realidad es que las adicciones tienen múltiples causas. No existe una única explicación ni un único responsable. Quedarse atrapado en la culpa impide actuar de manera saludable.

 

La pregunta no debería ser:

"¿Quién tiene la culpa?"

Sino:

"¿Qué podemos hacer hoy para estar mejor?"

 

En el proceso de acompañar a una persona con adicción los límites son sin duda una herramienta fundamental.

 

Los límites suelen generar miedo. Muchas familias creen que poner límites es abandonar. Pero en realidad sucede lo contrario. Un límite sano protege. No castiga. No humilla. No busca controlar.


Simplemente marca hasta dónde estamos dispuestos a llegar.

Decir:

"No voy a darte dinero."

"No voy a mentir por vos."

"No voy a aceptar violencia."

Puede ser una forma profunda de amor.

Porque permite que cada persona se haga responsable de sus decisiones.

 

Por otra parte, recuperar nuestra propia vida es clave en el proceso de acompañar.

 

Una parte importante del proceso consiste en volver a mirar hacia nosotros. Recuperar espacios personales. Volver a encontrarnos con amigos. Descansar.

Pedir ayuda. Hacer terapia si es necesario. Participar en grupos para familiares. Entender que nuestra vida también importa.

 

Porque cuando toda nuestra energía está puesta en controlar al otro, terminamos agotados y cada vez tenemos menos para ofrecer.

 

Quisiera terminar con una idea que suele ser liberadora para muchas familias.

La recuperación de una persona con adicción no depende exclusivamente de ustedes. No tienen el poder de provocar una recuperación. Pero tampoco tienen el poder de impedirla. Lo que sí pueden hacer es acompañar desde un lugar más saludable.Con amor. Con límites. Con respeto.


Y sin abandonarse a ustedes mismos. Porque cuidar al otro es importante.

Pero también lo es recordar que ustedes merecen vivir, descansar, disfrutar y encontrar paz, aun cuando la persona que aman todavía esté atravesando dificultades.

 

"La mejor ayuda que podemos ofrecer no nace del sacrificio absoluto, sino de un amor que también sabe cuidarse a sí mismo."

 
 
 

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