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Llegó la hora de dar un paso al costado

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    prensatiroalblanco
  • 1 nov
  • 3 Min. de lectura
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Opinión

Por Maximiliano Borches 


Al igual que hacía con Alberto Fernández, volvieron las críticas a través de “X” y otras redes sociales. Cada vez más debilitada al interior del peronismo, donde se multiplican las voces para que Cristina Fernández de Kirchner convoque a elecciones internas en el Partido Justicialista Nacional, que bajo su mando ni siquiera logró unificar el sello “Fuerza Patria” en todo el país, situación que le hubiese arrebatado la victoria simbólica a LLA el domingo último, la exvicepresidenta de Alberto, y dos veces presidenta, publicó un extenso documento donde critica abiertamente al gobernador Axel Kicillof, y se explaya en instancias teóricas sin convocar a gobernadores, intendentes ni al movimiento obrero, sino solo a la “militancia” (¿evocación nostálgica a los “balcones militantes de Casa Rosada?)


Su hijo Máximo, también atraviesa serios cuestionamientos sobre su conducción del PJ bonaerense, que “no debe ser una monarquía”, según rezan decenas de carteles que fueron desplegados en postrimerías de ambas sedes partidarias, tanto en la Plata como en la calle Matheu 130 de CABA.

 

Tras conocerse la mínima derrota del peronismo en la provincia de Buenos Aires, por apenas medio punto porcentual ( o la victoria pírrica de la alianza LLA/PRO), la mayor responsabilidad (no la única) recayó sobre la cada vez más agotada figura de Cristina Fernández de Kirchner, que no solo utilizó su lapicera para imponer a la mayoría de los candidatos en los primeros 15 puestos, sino que excluyó en esos casilleros a los jóvenes intendentes peronistas que llevan adelante excelentes gestiones al frente de sus municipios (ejemplo, Federico Achával de Pilar, o Lucas Ghi en Morón), que tomaron aún más proyección política tras las exitosa elección provincial y municipal del 7 de septiembre, donde el peronismo apabulló por 14 puntos porcentuales a al mileismo.

 

Pero todo esto ya forma parte del pasado.

 

Es la hora de los pueblos para el peronismo, y de dejar de lado subjetividades ideológicas para asentar las bases de una unidad pragmática que elabore un plan de acción nacional y que –fundamentalmente- enamore al pueblo argentino. “Primero hay que conquistar los corazones y luego la cabeza”, decía el general Juan Domingo Perón. 

 

A esta altura de los acontecimientos, y luego de años de ver el comportamiento político de Cristina y sus tribus (cada vez más flacas) cercanas, caemos en la cuenta de que todo proyecto de unidad superadora del peronismo, que comience a elaborarse con las distintas ramas del Movimiento Nacional Justicialista, en particular con TODOS los gobernadores peronistas, intendentes, trabajadores organizados, mujeres, profesionales, organizaciones barriales, sociales, culturales y juventudes, será prácticamente imposible de emprender mientras a la dos veces presidenta y vicepresidenta de Alberto Fernández, le importe más maquillarse para salir a bailar al balcón de su prisión domiciliaria del porteño barrio de Constitución, frente a fanáticas de Lali Espósito y a otras expresiones de una militancia emocional que no es más que la farsa del balcón de la calle Gaspar Campos.

 

Sin dudas Cristina Fernández de Kirchner sintetizó una época de gloria para el pueblo argentino, tras la temprana muerte de su compañero de toda la vida, y el último gran dirigente que parió el peronismo: Néstor Kirchner. Pero ese tiempo finalizó y hoy solo entorpece con su soberbia, tozudez, sectarismo y un peligroso nepotismo, cuya única ventaja la marca a fuego la poca capacidad intelectual y dirigencial de su hijo bautizo como Máximo.

 

Gracias por habernos hecho tan feliz Cristina, pero por el bien de nuestro pueblo, de la patria y del peronismo en particular, llegó la hora de dar un paso al costado.

 
 
 

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