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La destrucción del humanismo como manera de sentir

  • Foto del escritor: prensatiroalblanco
    prensatiroalblanco
  • hace 41 minutos
  • 3 Min. de lectura

Por Sabrina Castellano


Malena Maidana tenía 26 años. Estudiaba veterinaria y tenía un hijito de 3 años. Vivía en el conurbano bonaerense y el domingo 22 de febrero pasadas las 10 de la noche, salió caminando de su casa y un tipo le metió 10 puñaladas. Diez. Y la mató.


Todo sabemos en redes sobre Malena, nada sabemos sobre el femicida. Sólo hipótesis acerca de su salud mental y los nuevos conceptos que se ponen para decirle virgo resentido a los virgos resentidos, como incel o algo así. Es todo lo que se sabe, hasta ahora, de él.


Realmente conmueve. Estruja y descompone el alma que una piba tan joven esté muerta, y así. Así tan injustamente, tan enfermamente, tan violentamente. De repente, de un soplido, nos arrebatan a una madrecita joven. A un futuro, a un porvenir.


Sólo las mujeres sabemos que está lleno de formas posibles de morir y que salir a la calle y volver vivas, es cuestión de suerte. Por eso, cualquier tema que implique socialmente nociones como “juventud”, “mujeres”, “un violín hijo de puta”, “solidaridad e injusticia”, siempre fue algo que logró canalizar una sola opinión y un solo comportamiento en la mayoría del pueblo argentino trabajador y esforzado: violar, matar y no ayudar a alguien indefenso está mal.


Nuestro pueblo fue forjado históricamente por lazos que observan en lo empático y en lo solidario una forma de vinculación que es positiva. Argentina se caracteriza por su involucramiento en las cosas: en lo político, como catapulta de una práctica propia de su pensamiento hacia el bienestar de su pueblo, y en lo social, como una forma de relacionarse desde lo justo, lo moral, lo que corresponde hacerse y, además, la esperanza de lo colectivo, como paraguas de esa mirada respecto de lo individual.


Este momento histórico es inédito. Este modelo, esta imposibilidad de poder darle una vuelta de tuerca al asunto de lo actual, a nuestra forma de vincularnos y sentirnos, nos está llevando a una relativización inédita de los valores que nos constituyen, no sólo como Nación, si no como pueblo. Pueblo que salpicó a esa Nación de una forma específica, una forma de ser en el mundo, una forma de ser argentinos.


Se está destruyendo el humanismo como noción básica de vincularse. O eso intentan, y eso debemos frenar, ¿por qué? Porque a Malena, apuñalada y muerta, la robaron los médicos que debían entregarle el cuerpo a ese hijo de 3 años huérfano. Le robaron su celular. Robada después de asesinada.


No podemos relativizar las prácticas de todo: por más que le busquemos la vuelta, lo que está mal está mal. Pero lo que está para el culo es siniestro, porque nosotros como país, NO somos eso. No somos esa vinculación chota que nos proponen.


Nos quieren destruir la manera de sentir. Esa piba se merecía otra cosa en todos los aspectos que esa otra cosa implica: la indignación y el acompañamiento de una sociedad que sabe que eso está mal.


Es difícil que un tema interpele sólo a un sector, debe interpelar al colectivo nacional, porque es la única manera que se vuelva carne de la uña, que se sienta. Que se vuelva una reflexión con la almohada: ¿cómo le vas a robar a una piba que acaban de matar de 10 puñaladas?


El límite de los experimentos de la clase política que quiere “representarnos” y no sabe cómo, es no entender que debilitar nuestro carácter de lo moral y lo social es la solución definitiva que buscan ellos, para volvernos franceses. Para volvernos chinos, para volvernos alemanes. Gente que no se saluda con un beso.


El bien común es el mayor tesoro del pueblo argentino. Frente al hijo de puta, justicia. Frente a la deshumanización, volver al peronismo otra vez, por favor.

 
 
 

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