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Los Idus de marzo

  • Foto del escritor: prensatiroalblanco
    prensatiroalblanco
  • 9 mar
  • 5 Min. de lectura

Por Gastón Boco


Marzo es el mes en el que se tiene la sensación que arranca el año. Los pibes vuelven a clases, las mañanitas son frescas, el clima es templado y el aíre diáfano, liviano. Este marzo, tan igual a otros, presenta sin embargo algunas características especiales. El aire renovado que inunda los meses de marzo se siente también en la política nacional. Parece que algo empieza a cambiar. La taba comienza darse vuelta.  Hay gestos, acercamientos, conversaciones impensables entre actores que hasta hace muy poco no se dirigían la palabra.


Hay a la vez un gobierno que cree tener la vaca atada en el Congreso y sueña con transformarlo en su escribanía (¿qué gobierno no lo desea…?). Hay también un contexto internacional oscuro, de guerra y terror, incierto. Y una economía nacional atada a ese contexto que ya venía sufriendo los embates del modelo libertario y a la que ahora se le suma la incertidumbre de la guerra en Medio Oriente.


Lo cierto es que este cúmulo de situaciones empujan la realidad. La CGT hizo un paro en oposición a la sanción de la ley de reforma laboral. La ley salió igual (le escribanía del Congreso…) pero el paro fue contundente, en la calle se sentía clima de domingo. Adhirieron los grandes gremios del transporte y el paro se sintió fuerte.


Hace apenas unos meses, en una reunión con delegados de varios sindicatos, los compañeros expresaban que iban a hablar con los trabajadores para sumarlos a la lucha y la mitad de los laburantes habían votado a Milei, y aún mantenían cierta esperanza en el gobierno que habían votado. Es decir, les costaba a los delegados sindicales sumar voluntades a la lucha. Eso parece haber cambiado a partir de que se conocieron las implicancias del proyecto de reforma laboral del oficialismo. Los trabajadores, sobre todo los sindicalizados, entendieron que esa ley es contra ellos.



Los empresarios de capital nacional, mayormente dueños de pymes pero también alguno de los grandes, en prácticamente todas las ramas de la industria transitan un panorama complicado: cierre de fábricas, despidos, suspensiones, cesaciones de pagos, cheques rechazados, concursos preventivos de quiebras, etc. Capital que se evapora, empresas que se funden, trabajadores que quedan desempleados, producto del modelo libertario de apretura indiscriminada. Los bancos y billeteras virtuales empiezan a sufrir en sus balances el tremendo índice de morosidad en los préstamos. La gente no puede pagar.


En síntesis, capital y trabajo se ven perjudicados por un modelo que sólo beneficia a unos pocos, en algunos rubros muy específicos. Las familias argentinas, trabajadoras, de clase media y hasta de clases más acomodadas se ven perjudicadas por el modelo libertario. Eso empuja a la oposición política. Ese malestar generalizado obliga a los representantes populares a buscar alternativas. Suceden cosas llamativas. Entre ellas la reunión entre Miguel Ángel Pichetto y Cristina Fernández. El diputado nacional dirige en bloque Encuentro Federal que nuclea distintas expresiones políticas del interior del país y tiene llegada con importantes actores del capital nacional. Cristina tiene su mayor caudal político en los votos del conurbano de la Provincia de Buenos Aires. La madurez política de ambos referentes, los lleva comprender la gravedad de la situación nacional.


No parece pasar lo mismo con algunos sectores de la militancia cristinista y kirchnerista que siguen inmersos en la estúpida tarea de cazar traidores. Lo cierto es que la charla abre un capítulo político que se suma al cambio de clima que desarrollamos más arriba. Marzo deja atrás el calor húmedo y opresivo del verano libertario y se abre a un aire fresco y renovado para un peronismo que tiene la condiciones económicas y sociales para un resurgimiento. Sería interesante sumar a la conversación al movimiento obrero organizado (CGT). Y por supuesto a las cámaras empresarias que están siendo agredidas por el modelo, para establecer los consensos del proyecto que viene.


La pelota está en el campo del peronismo. Si el movimiento popular más grande de Hispanoamérica logra la madurez para sortear su pasado excesivamente personalista (*) y logra acomodar una forma de organización en un cuerpo de conducción grupal, capaz de darle espacio a sus diferentes expresiones y espacios de poder, podría generar las condiciones políticas para un regreso al poder.


Luego de la dictadura militar, un peronismo herido al que le habían matado y desaparecido a muchos de sus mejores cuadros, perdió la elección presidencial del 1983. Ese golpe fuerte obligó a una renovación. Se construyó la famosa interna de 1988 entre Cafiero y Menem en un contexto de un alfonsinismo que transitaba su decadencia, un modelo económico que no funcionaba y sumía en la pobreza a cada vez más compatriotas. Esa interna del peronismo tuvo una épica tal y acaparó tanto la atención política que se sentía que la resolución de la misma iba a definir al próximo presidente del país. Así fue. Esa interna debe ser un ejemplo a seguir.

Una famosa anécdota de esa interna es ilustrativa del espíritu que de debería respirarse en el nuevo armado: cuando se supo en el bunker de Antonio Cafiero que Menem había ganado la interna, un militante muy cercano a don Antonio le dijo: “Este Menem con quién va a gobernar, si no tiene aparato, no tiene nada…”, a lo que Cafiero respondió: “Va a gobernar con el 80% de los que están acá”.


Si el peronismo establece un cuerpo colegiado de conducción, capaz de consensuar una interna en la que quede claro de antemano el reparto del poder en caso de ganar cualquiera de los bandos en pugna, que no deje al perdedor sin nada, sino que lo incluya en el proyecto futuro; si a esa interna se le general la mística de la del 88 y se logra que acapare la atención los últimos 6 meses antes de las elecciones de 2027, tendrá posibilidades de ganar. Esa interna debería articularse entre una expresión del AMBA encabezada por Axel Kicillof y una expresión peronista federal. A su vez garantizar a potenciales aliados el apoyo en distritos claves para puestos de gobernadores e intendencias (caso CABA por citar un ejemplo, un acuerdo con el larretismo para ganarle la jefatura de gobierno al candidato libertario).


El desafío es grande, pone a prueba la madurez política de toda la dirigencia y la militancia no sólo del peronismo, sino de todos los partidos políticos que tenga interés en construir una alternativa al desastre libertario.




(*) Cabe destacar que muchas veces se confunde al interpretar que el peronismo es un movimiento personalista. Cuando dice esto, Perón quiere decir que dentro de sus conceptos filosóficos doctrinarios se encuentra la dignidad de la persona humana, tomada de la Doctrina Social de la Iglesia. Concepto central para la elaboración del andamiaje conceptual que sostiene la Constitución de 1949. Eso es el personalismo. Nada tiene que ver con que el peronismo tenga ser conducido por una persona, ni con el culto a la personalidad, ni nada por el estilo.

 
 
 

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