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Endeudarse para comer también enferma

Foto del escritor: prensatiroalblanco
prensatiroalblanco
hace 7 días
3 min de lectura

Salud mental



Deuda, salud mental y soledad en la Argentina


Por Mariana Vilariño


Hay deudas que se contraen para comprar una casa.

Hay deudas que se contraen para estudiar, para emprender, para viajar.

Y hay otras que se contraen para llegar a fin de mes.

Para comprar comida.

Para pagar un medicamento.

Para cargar la SUBE.

Para pagar la luz, el alquiler o la cuota del colegio.

Para comprar hoy con la esperanza de encontrar una manera de pagar mañana.

 

En esos casos, hablar de endeudamiento como si fuera simplemente una cuestión de "mala administración" es desconocer una parte enorme de la realidad.

 

Porque cuando el dinero no alcanza para cubrir las necesidades básicas, la deuda deja de ser una herramienta financiera y empieza a convertirse en una forma de supervivencia.

 

Y sobrevivir permanentemente bajo presión tiene consecuencias.

La deuda también se siente en el cuerpo

 

La preocupación económica no queda guardada en una billetera.

Se mete en la cabeza cuando nos acostamos y hacemos cuentas.

Aparece a las tres de la mañana cuando pensamos cómo vamos a pagar lo que debemos.


Está en el mensaje que llega al celular, en el resumen de la tarjeta, en el vencimiento que se acerca, en el miedo a que corten un servicio o a no poder comprar lo necesario para nuestros hijos.

 

La incertidumbre económica puede alimentar ansiedad, angustia, problemas de sueño y sentimientos de desesperanza. Y cuando esa situación se prolonga, puede afectar profundamente el bienestar emocional.

 

Pero hay algo más.

 

La deuda muchas veces también genera vergüenza.

 

"¿Cómo llegué a esto?"

"¿Por qué no puedo organizarme?"

"Todos pueden menos yo."

"Soy un fracaso."

 

Y ahí aparece una trampa peligrosa: transformar un problema social y económico en una culpa individual.


 

Cuando la vergüenza nos deja solos

Muchas personas dejan de contar que están endeudadas.

Dejan de salir.

Dejan de encontrarse con amigos porque no pueden gastar.

Dejan de pedir ayuda porque sienten que deberían poder resolverlo solos.

Y poco a poco empiezan a aislarse.

 

Pero el aislamiento no resuelve la deuda.

Y tampoco resuelve la angustia.

 

Al contrario: cuando una persona atraviesa una situación difícil creyendo que es la única que no puede sostenerla, el sufrimiento puede hacerse todavía más grande.

 

Por eso necesitamos recuperar algo que parece sencillo pero que, en tiempos difíciles, puede ser profundamente reparador:

encontrarnos.

 

No necesariamente para hablar de problemas todo el tiempo.

Para caminar juntos.

Para tomar unos mates.

Para cocinar entre varios.

Para hacer ejercicio.

Para organizar una feria de intercambio.

Para compartir conocimientos.

Para crear redes de ayuda.

Para acompañarnos.

Porque no todo tiene que pasar por consumir.

 

Podemos construir espacios donde encontrarnos no dependa de cuánto dinero tenemos en el bolsillo.

 

No estás solo

 

Hay una frase que deberíamos repetir mucho más:

estar endeudado no te convierte en una persona fracasada.

Y necesitar ayuda tampoco.

 

Si una familia se endeuda para comer, el problema no puede analizarse solamente desde la conducta individual de esa familia. Hay condiciones económicas, laborales, sociales y políticas que determinan cuánto cuesta vivir y cuánto ingreso disponible tienen los hogares.

 

Las responsabilidades sobre esas condiciones corresponden a quienes toman las decisiones económicas y de política pública; no pueden trasladarse automáticamente a cada persona que intenta sostener su vida cotidiana.

 

Esto no significa negar la responsabilidad personal.

Significa poner cada responsabilidad en su lugar.

Una persona puede necesitar aprender a administrar mejor su dinero.

Puede necesitar asesoramiento financiero.

Puede necesitar renegociar una deuda.

Pero también puede necesitar que alguien le diga:

"No tenés que atravesar esto solo."

 

Organizarnos también es cuidarnos.

Frente a la angustia económica, necesitamos recuperar la comunidad.

Porque cuando todo parece empujarnos hacia el "sálvese quien pueda", encontrarnos con otros puede ser una forma concreta de resistencia al aislamiento.

 

Crear espacios gratuitos de encuentro.

Grupos de conversación.

Talleres.

Huertas comunitarias.

Ferias de intercambio.

Actividades deportivas.

Redes de compras colectivas.

Espacios culturales.

Grupos donde podamos hablar de lo que nos pasa sin vergüenza.

 

No van a solucionar por sí solos el problema del endeudamiento. Pero pueden hacer algo fundamental: evitar que la dificultad económica se transforme también en soledad.

 

Porque una persona endeudada necesita mucho más que consejos sobre cómo pagar una tarjeta.

A veces necesita recuperar el sueño.

A veces necesita dejar de sentirse culpable.

A veces necesita pedir ayuda.

Y muchas veces necesita descubrir que, aunque su situación sea difícil, no está sola.

 

El problema del endeudamiento puede tener dimensiones económicas, sociales y políticas. Pero el sufrimiento que produce también es humano.

Y frente a ese sufrimiento, hay algo que sí podemos hacer entre todos:

volver a encontrarnos.

 

Porque cuando la vida se vuelve demasiado pesada para llevarla solos, compartir el peso también es una forma de cuidarnos.

 
 
 

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