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Soberanía Invertida: la base de EE.UU. en Tierra del Fuego y la cesión del control estratégico argentino

Foto del escritor: prensatiroalblanco
prensatiroalblanco
5 sept
4 min de lectura

Por Ali Reza Peralta*


El gobierno de Javier Milei ha presentado como acto de soberanía la instalación de una base militar norteamericana en Ushuaia. Pero se trata de un esquema de soberanía invertida donde el Estado argentino financia infraestructura para una potencia extranjera, subordina sus sistemas C4I y de inteligencia, y reorienta su doctrina de seguridad interior para proteger intereses foráneos. Se analiza la contradicción central de la política exterior actual: denunciar amenazas selectivas mientras se omite el sistema Sky Sabre israelí que blinda la ocupación británica en Malvinas.

 

1. Del patriotismo declamado al cipayo explícito.

El 4 de abril de 2024, en el marco de la visita de la generala del Comando Sur de los Estados Unidos, Laura Richardson, el presidente Javier Milei anunció en Ushuaia la construcción de una "Base Naval Integrada" con Estados Unidos, definiéndola como "el acto de soberanía más grande de los últimos 40 años" y "el primer paso para empezar a pensar en la recuperación de Malvinas".  

La retórica no resiste el análisis de defensa. No es una base argentina con cooperación. Es, en los hechos, una proyección del Comando Sur en el Atlántico Sur y puerta de acceso a la Antártida, financiada con presupuesto nacional. Como advirtió la propia Cámara de Diputados, el proyecto ya viene del kirchnerismo pero fue resignificado: de polo logístico nacional a enclave norteamericano. La Cámara de Tierra del Fuego denunció "intencionalidades geopolíticas" detrás de la medida.  

Lo que que sé podría definir como "manual del cipayo" tiene correlato doctrinario: financiar la ocupación, ceder el mando y reprimir adentro.

 

2. Los tres ejes de la cesión estratégica.

Eje I: Financiar con plata argentina la infraestructura del ocupante.

La base de Ushuaia no es gratuita. El Estado argentino pone el territorio, la obra civil, el sostenimiento logístico y la jurisdicción. EE.UU. pone la bandera -literalmente desplegada junto a la argentina en la Base Naval en abril de 2024- y la doctrina de uso. Es la inversión del principio clásico de defensa: en lugar de que el aliado invierta para disuadir al enemigo común, el país periférico subsidia el despliegue del hegemón.

En términos del Tratado Antártico, que prohíbe fortalecer la presencia militar en el continente blanco, la jugada es transparente: EE.UU. necesita presencia militar en territorio próximo, y Tierra del Fuego es el candidato ideal. Argentina no gana soberanía antártica; la alquila como plataforma.  

 

Eje II: La entrega del sistema nervioso de las FFAA.

El segundo nivel es más grave y menos visible: telecomunicaciones e inteligencia.

En 2024-2025 se avanzó en tres acuerdos estructurales:

1. Link 16: EE.UU. autorizó a Argentina a incorporar Link 16, el enlace de datos táctico estándar de la OTAN para que F-16 y P-3C Orion compartan información en tiempo real. Suena moderno, pero implica que la interoperabilidad argentina depende de una llave criptográfica que solo Washington habilita. Como reconoció un especialista: "lo destacado es que Estados Unidos le dé la luz verde al Link 16". Sin luz verde, no hay red.   

2. Vigilancia del Mar Argentino como "bien común global": Un acuerdo de la Armada con la Cuarta Flota habilitó por cinco años "inéditas tareas de vigilancia y monitoreo conjunto en el mar argentino", con transferencia de drones y sistemas que "recopilan y analizan datos" y suponen "intercambio de información sensible".   

3. Doctrina de seguridad interior alineada: Se formalizó un "teléfono rojo" con el FBI para cooperación antiterrorista.   

El resultado es una arquitectura donde las FFAA argentinas operan con infraestructura, protocolos y supervisión norteamericana. La inteligencia estratégica deja de ser nacional para ser interoperable, es decir, subordinada.

 

Eje III: La reconversión del aparato represivo interno.

Todo sistema de bases extranjeras necesita seguridad perimetral política. La nueva Doctrina de Seguridad Nacional ya no define como amenaza principal a un Estado que ocupa ilegalmente el 15% del territorio nacional, sino a "actores no estatales" que puedan incomodar a la potencia ocupante: pescadores ilegales, comunidades, piqueteros, sindicatos portuarios, asambleas y organizaciones que cuestionen el saqueo del Atlántico Sur.

Es la inversión final: defender a la base extranjera de los argentinos.

 

3. La contradicción que desnuda la farsa: Israel, Reino Unido y Malvinas.

Si la doctrina de defensa de la soberanía de Milei fuera universal, debería aplicar el mismo estándar a todos los ocupantes. No lo hace.

El Reino Unido blindó su ocupación colonial en Malvinas con el sistema Sky Sabre, comprado a la empresa israelí Rafael Advanced Defense Systems. Es un sistema que "utiliza la tecnología de defensa aérea móvil Iron Dome de Israel" y es "capaz de interceptar cohetes de corto alcance". El contrato, de 78 millones de libras, fue otorgado por el Ministerio de Defensa británico para establecer una defensa en Malvinas.  

El sistema es, según documentación oficial británica, una "red de comando y control de Defensa de las islas del Atlántico Sur" suministrada por Israel con ayuda de Babcock.  

Es el mismo sistema que le niega a la Argentina cualquier capacidad de disuasión creíble en el Atlántico Sur. Si el gobierno realmente creyera en la soberanía y en las sanciones a quienes arman a nuestros ocupantes, debería romper relaciones con su proveedor. No lo hará, porque su alineamiento declarado es con Tel Aviv y Washington.

Ahí se cae el "patrioterismo" liberal-conservador. Un patriota no le paga la base al imperio. No le entrega las comunicaciones de su ejército. No pone su aparato de inteligencia al servicio de otro país mientras el ocupante de sus islas se arma con su principal aliado ideológico.

 

4. Conclusión: No hay soberanía, hay sumisión estructural.

La categoría de "gobierno cipayo, sionista y estructuralmente antiargentino" no es un insulto, es una caracterización de política de defensa:

- Cipayo: porque externaliza la defensa y financia la infraestructura del hegemón.

- Sionista en su alineamiento geopolítico: porque subordina la causa Malvinas a la alianza incondicional con los proveedores del sistema que sostiene la ocupación británica.

- Antiargentino estructuralmente: porque renuncia a los tres atributos de la soberanía: control exclusivo del territorio, autonomía del aparato de fuerza y monopolio de la inteligencia estratégica.

No hay soberanía invertida que pueda presentarse como patriotismo. Hay una ocupación consentida, pagada y custodiada por nosotros mismos.

 

*Director de la Academia del Pensamiento Estratégico, y su plataforma comunicacional ApeTv.

 
 
 

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