Salud mental

Messi, Las Leonas y una verdad que el deporte vuelve a poner en escena: la salud mental también juega

Por Mariana Vilariño*
Hay momentos deportivos que trascienden el resultado. Una despedida, un
campeonato, una camiseta, un abrazo entre compañeros o una multitud alentando pueden decir mucho más de una sociedad que cualquier discurso.
La despedida de Lionel Messi y el recorrido de Las Leonas nos vuelven a mostrar algo que muchas veces olvidamos: el deporte no es solamente competencia, espectáculo o entretenimiento. El deporte también es salud, identidad, pertenencia y comunidad.
Y, en tiempos donde hablamos cada vez más de salud mental, deberíamos preguntarnos cuánto estamos haciendo para garantizar el acceso al deporte y a la recreación.
El deporte como regulador de la salud mental
Practicar un deporte no significa solamente mover el cuerpo. Es encontrarse con otros, aprender a tolerar la frustración, aceptar límites, trabajar en equipo, construir objetivos y experimentar que los esfuerzos pueden transformarse en logros.
Para un niño, una niña o un adolescente, un club puede ser mucho más que el lugar donde se practica fútbol, hockey, básquet o vóley.
Puede ser un lugar donde alguien los espera.
Un espacio donde tienen nombre, donde forman parte de un grupo, donde pueden sentirse capaces y donde aprenden que perder un partido no significa ser un perdedor.
En una sociedad atravesada por la soledad, la ansiedad, las violencias, el consumo problemático y la falta de proyectos, estos espacios adquieren un enorme valor preventivo y comunitario.
Los clubes de barrio también son salud mental
Por eso, cuando hablamos de políticas de salud mental, no deberíamos pensar únicamente en hospitales, consultorios o tratamientos.
También deberíamos hablar de clubes de barrio, plazas, centros culturales, escuelas, espacios recreativos y comunitarios.
Porque prevenir también es generar condiciones para que las personas puedan construir vínculos saludables, tener proyectos, sentirse parte de algo y desarrollar herramientas para afrontar las dificultades de la vida.
Un club de barrio puede convertirse en una red de contención informal pero fundamental: el entrenador que escucha, la compañera que acompaña, la familia que se encuentra, los amigos que se construyen.
Y eso tiene un enorme valor social.
El deporte no debería ser un privilegio
El acceso al deporte y al tiempo libre no debería depender del bolsillo de una familia.
La recreación, el juego, la actividad física y el acceso a espacios comunitarios forman parte de una vida digna. El deporte debe ser entendido como un derecho y no como un privilegio.
Cuando una familia no puede pagar una cuota, comprar una camiseta, trasladar a sus hijos o afrontar los costos de una actividad, el problema no es solamente deportivo.
También estamos restringiendo oportunidades de socialización, pertenencia y desarrollo.
Por eso es tan importante defender y fortalecer a los clubes de barrio, acompañarlos con políticas públicas, infraestructura, becas, materiales y programas que permitan que ningún chico quede afuera por razones económicas.
Porque detrás de cada campeón hay una comunidad
Quizás eso también explique por qué la despedida de Messi emociona tanto.
No se despide solamente a un jugador. Se despide a alguien que representa una historia colectiva: la del chico que alguna vez empezó a jugar, la familia que acompañó, el entrenador que enseñó, los compañeros, el club, los amigos y una comunidad que creyó.
Y cuando vemos a Las Leonas competir, tampoco vemos únicamente once jugadoras dentro de una cancha.
Vemos años de entrenamiento, esfuerzo, frustraciones, vínculos, compañerismo y una identidad construida colectivamente.
Eso también es salud mental.
No porque el deporte resuelva todos nuestros problemas, sino porque puede ofrecernos herramientas para atravesarlos.
Nos enseña a perder sin abandonar, a ganar sin creernos invencibles, a pedir ayuda, a confiar en otros, a perseverar y a volver a intentarlo.
En tiempos de individualismo, necesitamos comunidad
Tal vez la discusión sea mucho más profunda que cuánto dinero destinamos al deporte.

La pregunta es qué sociedad queremos construir.
Una sociedad donde cada uno debe arreglarse solo, donde el acceso a la recreación depende de la capacidad económica y donde los espacios comunitarios desaparecen.
O una sociedad que entiende que cuidar a sus niños, jóvenes y adultos también significa garantizarles lugares donde puedan jugar, encontrarse, expresarse y construir vínculos.
Porque invertir en deporte no es solamente invertir en deportistas.
Es invertir en salud.
Es invertir en vínculos.
Es invertir en prevención.
Es invertir en comunidad.
Es invertir en futuro.
Y quizás por eso, cuando Messi se despide y cuando Las Leonas levantan una copa, además de emocionarnos por el deporte, deberíamos recordar algo mucho más importante:
El derecho a jugar, a recrearse, a pertenecer y a construir comunidad también es parte del derecho a una vida saludable.
Y defender los clubes de barrio es, de alguna manera, defender también nuestra salud mental colectiva.
*Operadora socio terapéutica en salud mental y adicciones
Acompañante terapéutica





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